Ayer al mediodía, sobre el círculo de Plaza Italia, un ladrón entró en una panadería. Primero disimuló su intención de robar bajo una compra de facturas. Pero en cuestión de segundos empezó a amenazar a la empleada: dijo estar armado pero no sacó ninguna pistola.
El delincuente lucía desorientado, como si hubiera consumido alguna sustancia un rato antes, según contaron en el local. No tenía los reflejos rápidos ni fue muy hábil a la hora de arrebatar la plata de la caja.
La chica que lo atendía no se pudo oponer a que el sujeto sacara todos los billetes, por una cantidad de plata que no trascendió.
En su primer rapto de agilidad, el ladrón se dio vuelta y salió hacia la calle. La víctima no se quedó en el molde a pesar del susto y salió detrás, según contaron fuentes del caso.
DESESPERACION
Mientras ella lo sujetaba con fuerza de un brazo como para sostenerlo y no dejarlo ir, pedía ayuda a los gritos. Por la vereda pasaba un montón de gente: “Todo el mundo miraba como si fuera un espectáculo y nadie se metía ni hacía nada”, aseguró una testigo.
Al final, un hombre intervino y terminó por frenar al ladrón. En ese momento tuvo que devolverle la plata a la chica.
La policía fue avisada sobre lo que pasó, pero no alcanzó a ubicarlo, porque salió corriendo ni bien pudo.
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